El blog de Alfredo Quiroga
Entradas Etiquetadas ‘tiempo’

Sobre el fuego y la nieve

Miércoles, 12 de Mayo de 2010

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Camino de la “Casa de Ánforas” (A. Q.).

El fuego o la nieve, amor,
el fuego o la nevada.

¿Quién detendrá el avance del invierno
cuando crezca la escarcha, cuando el tiempo
se arrepienta de tan largas esperas
y en los campos se advierta, como un mortal presagio,
una espesa capa de cenizas?

¿Acaso volarán las aves más oscuras
surcando el azulejo de los atardeceres?

¿Tornarán más cobrizos, por la herida profunda,
los cielos del verano sin nosotros?

El fuego o la nieve, amor,
el fuego o la nevada.

¿Cruzarán en manadas, por la sed del arroyo,
escapando de las balas y la escarcha,
las pezuñas afiladas del venado?

¿Se harán molde sus huellas, si trepan las montañas,
como ocurre con el fuego y los amantes?

¿Y qué será de nosotros si la helada
salpica de tristeza la luz de nuestros labios,
si se clavan repentinos nuestros cuerpos
en medio del ardor de una nevada?

Acuérdate entonces, amor mío, de los cerezos,
de sus flores de hielo creciendo en primavera,
de su fruto rojizo sobre el mimbre de marzo.

Y no olvides, amor, que esta nevada,
cuando cesen de caer todos sus copos
y nos cubra la espesura del recuerdo,
habrá de derretirse con el tiempo
hasta hacer de nuestras vidas, nuevamente,
un ángel de dolor, una llama de mármol,
un epitafio más de amores que cayeron
consumidos por el fuego o la nevada.

Alfredo Quiroga, Breve historia del hielo, Madrid, Casa de América, La estafeta del viento, mayo de 2010.

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Lo que dicen los pájaros

Martes, 16 de Marzo de 2010

Han vuelto a pasar inviernos por la calle. Y sigo sin saber cómo acceder al mediodía con este cielo tan bajo. Miro y veo abrigos que se caen solos de las perchas, como blandos suicidas, rincones donde viven periódicos atrasados, páginas donde ha dejado su huella dactilar el tiempo, convertido en polvo de sótanos fríos. Y días de lluvia, calles malogradas, vendedores de pobreza y la vida, que siempre se queda con los brazos cruzados.

Vuelvo. Es sólo un día de lo que será la primavera. Es en la Casa de Ánforas y será media tarde. No sé si lo he vivido o lo he soñado. Lo he leído o lo he imaginado. Como un pequeño pie blanco. Y qué lejos de la astronomía convencional de la vida me hallo. Qué lejos del que creen que soy, del que esperan, del que han conocido, del que quizá alguien amó, del que incluso alguien odió. Qué lejos de aquél. Qué lejos de mí. Sólo ser un contemplador de orillas.

Porque no todo es luz en el sol. Ni siquiera el color de tela triste de las cuatro de la tarde o la agonía de las ciudades al atardecer. Ni todo es humo en las cocinas, las tuya, la de tu infancia. Y no todo son sueños en los niños. Ni todo el mar tiene espuma.

Nada de eso es el tiempo, sólo es el paso del tiempo.

A. Q. “Regresar donde nunca estuve”, Lo que dicen los pájaros, S. C. de Tenerife, 2010.

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Gorriones en el piano

Viernes, 12 de Marzo de 2010

23012009

Regreso cansado a mi tinta de sueño. Han vuelto a anidar los gorriones en el piano. Las cuerdas percuten sobre el plumón y la cadencia es un sereno derramamiento de triste plata, un llanto silencioso, como de nieve, plena y sola. Una oscura fiesta de luz.

Y vuelve mi infinita desgana y lejanía: ola salvaje sobre roca ignorada. No sé si es eso la libertad, que yo debiera presidir. Puede que sólo un pensamiento de ninfa pudiera redimirme.

Y han vuelto las sombras a su provincia, fuegos tristes que, quizá, nunca debí despertar, como este día claro del último invierno: un cristal en bruto, un domingo helado, los ojos llenos de tiempo.

Y sigo paseando aquí por la soledad con el cuerpo ausente, sin pasado y sin futuro, limpio y vacío, ni alegre ni triste; motivo tan sólo, todo yo, para el encrespamiento del frío y la momentánea ondulación de lo inmóvil.

Llevaba guardado un papel en el bolsillo. Y no lo sabía. Era el recado de la vida.

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Sólo te pido que me esperes

Sábado, 14 de Noviembre de 2009

alberticuaderno-de-roma

Hoy he vuelto a sangrar tiempo. Volvieron a despertarme las uñas del alba. Busqué el verano: era un sueño vacío. Si me hubieras cogido la mano te hubiera quemado el frío. El miedo otra vez: no sopla el viento en ninguna ciudad. Amaneció otra noche helada.

Volví a mi libro, a mi “Patio de luces”. Un libro interminable, dice el editor. El escritor o la insatisfacción, alego yo. Meter la vida en un libro, tomarle medidas al tiempo. Sueño un libro, una mujer, una ciudad lejana, palabras en latín. Ardo como el mar. Voy por la vida en llamas y nadie me avisa del incendio. Voy entre luces, entre noches, hacia no sé dónde, por el túnel amarillo de la enfermedad. La prisión blanca de la clínica y sus camas duras. Y un dolor, como el de las plantas, como el de los niños.

Veo pasar los inviernos por la calle pisando sueños. Y me despierto. Me quedé dormido en lo más profundo de mis zapatos. ¿Cómo accederé al mediodía? Sólo puedo pedirte que me esperes, al otro lado de esta nube negra, al otro lado de esta luna en quiebra. No quiero tu nombre sin tus labios.

friedrich

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Sucede

Viernes, 30 de Octubre de 2009

Sucede que se acaba octubre. El sol se va sosegando, o al menos debería hacerlo. La obligación del sol. El tiempo, quizá un ardid de la naturaleza para que todo no se produzca de un sólo golpe. Y nosotros inventando métodos absurdos de cuadricular la novedad incólume de existir: relojes y calendarios.

Todo lo que hay que hacer es sentarse y escuchar la música del aquí y ahora. ¿Quién escucha? Ésta es sólo una cuestión gramatical. Superada la pregunta, florece el haikú de cada instante.

Sucede que a Ariadna se le ha caído otro diente y me pregunta si en Londres hay ratoncito Pérez. No, bueno sí, allí tiene un primo que le hace el trabajo: mouse Winston. Ah, me dice.

Sucede que me canso de ser hombre, ¿y de qué me sonará a mí esta frase?

Sucede que me he dejado arrastrar otra vez por este diario de nimiedades y resentimientos para teclear al tuntún. No sé si mañana me miraré al espejo.

Sucede, sí, ya recuerdo, que fue Neruda quien entró en las sastrerías y en los cines, marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza.

Sucede.

mateo_martin_hernandez-cano_etiopia_2002_sara_yiamei_brebbia_fernandez_china_2002

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