Sobre el fuego y la nieve
Camino de la “Casa de Ánforas” (A. Q.).
El fuego o la nieve, amor,
el fuego o la nevada.
¿Quién detendrá el avance del invierno
cuando crezca la escarcha, cuando el tiempo
se arrepienta de tan largas esperas
y en los campos se advierta, como un mortal presagio,
una espesa capa de cenizas?
¿Acaso volarán las aves más oscuras
surcando el azulejo de los atardeceres?
¿Tornarán más cobrizos, por la herida profunda,
los cielos del verano sin nosotros?
El fuego o la nieve, amor,
el fuego o la nevada.
¿Cruzarán en manadas, por la sed del arroyo,
escapando de las balas y la escarcha,
las pezuñas afiladas del venado?
¿Se harán molde sus huellas, si trepan las montañas,
como ocurre con el fuego y los amantes?
¿Y qué será de nosotros si la helada
salpica de tristeza la luz de nuestros labios,
si se clavan repentinos nuestros cuerpos
en medio del ardor de una nevada?
Acuérdate entonces, amor mío, de los cerezos,
de sus flores de hielo creciendo en primavera,
de su fruto rojizo sobre el mimbre de marzo.
Y no olvides, amor, que esta nevada,
cuando cesen de caer todos sus copos
y nos cubra la espesura del recuerdo,
habrá de derretirse con el tiempo
hasta hacer de nuestras vidas, nuevamente,
un ángel de dolor, una llama de mármol,
un epitafio más de amores que cayeron
consumidos por el fuego o la nevada.
Alfredo Quiroga, Breve historia del hielo, Madrid, Casa de América, La estafeta del viento, mayo de 2010.





