Pilates en el avión
24 de agosto. De vuelta a Madrid. Me cruzo con la luna llena. Bellísima. Qué bien le sientan estas noches. Escribo en el avión. Me recapitulo. Los poderosos tobillos de aquella enfermera. Voy a solicitar una excedencia para darle un beso. Y los jueves, milagro. Es martes. Ensayo nuevas maneras de tenerme en pie. Vuelvo a trabajar en el guión de Saura. ¿Dónde quedaron las turbulencias? Leo La mujer en silencio; también abandono a Sylvia Plath: anoto.
El artículo para Claves: “El paraguas de Humboldt: Decir el clima”. Declino, respetuosamente claro, la comida; igual que en el hospital. Sólo agua y tinta. Aguadébil. Cierto tantrismo estilográfico. La inmanencia de la creación artística.
Está viejo el mar. Todo ya muy entrado: tiempo de coger moras. Como fuera de casa, en ningún sitio: amaneceré en París.
Sé lo que están pensando. No se hable más.
a. q. (2010).
