El blog de Alfredo Quiroga
Entradas Etiquetadas ‘Mar’

Sólo sabemos que fue domingo

Domingo, 24 de Enero de 2010

Enero huele a pueblo. El crepúsculo, entre seis y siete de la tarde, es como la obra en marcha de un altar sin imágenes que se congrega o derruye en una esquina del cielo, o que luego asoma por otra esquina. Es como si algo grandioso, orificado y celestial, se estuviera haciendo y deshaciendo, construyendo y reconstruyendo, como el polvo azul de la tarde. Son nubes del cielo que pronto serán nubes del infierno, pasando del oro bíblico al rojo dantesco y desesperado. Así, con estruendoso silencio,  muere el día.

Junto al ciprés alto y gótico del jardín, donde habita el tiempo, asisto al sepelio más sagrado. A esta hora hermosa y penúltima, el oro clama su luz y el ciprés da su frescor verdinegro, su rezo. Sabemos que fue domingo.

En el jardín, mi vida va entrando en sombra. Estoy solo, rehén ya de la luna. Todo se diluye. Todo se nos borra. Es como un cansancio sin cuerpo, una lentitud como de carne, donde se mojan ansias y sueños. Un pedestal sin estatua. Lo que quedó de aquel naufragio.

Sé que al anochecer muere un velero cada día. Y muere el aire y alumbra luces del cielo roto, pasa el mundo y resuenan mares donde no había. Vengo de los amargos sepelios de los amigos. Nada de lo que digo quedará en el aire escrito. Sólo sabemos, tú y yo, que fue un domingo.

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Epifanía

Miércoles, 6 de Enero de 2010

Para AriadnaQ., sucesiva, ventana a los instantes de vida.

Y volver de nuevo al niño
que fuiste no sé cuándo,
y subir de nuevo al cielo
viejo del campanario,
al desván en las tardes de mayo,
por donde erraban soles,
donde soñaban pájaros.

Y no vivimos nada
de lo que nos ha pasado,
sólo a través de un hijo regresamos
al difunto tiempo de los milagros.

Y cuando el mapa del aire
comienza a quedarse en blanco,
velero desguazado,
en unos lentos ojos
donde la vida cuaja,
en la espuma del alma,
vuelven a correr los días,
a gotear, otra vez, eso
que llamamos la vida.

Alfredo Quiroga, “Juegos para el 6 de enero”, de: “Breve historia del mar”, La estafeta del viento, 2009.

ariadna060110

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Sólo te pido que me esperes

Sábado, 14 de Noviembre de 2009

alberticuaderno-de-roma

Hoy he vuelto a sangrar tiempo. Volvieron a despertarme las uñas del alba. Busqué el verano: era un sueño vacío. Si me hubieras cogido la mano te hubiera quemado el frío. El miedo otra vez: no sopla el viento en ninguna ciudad. Amaneció otra noche helada.

Volví a mi libro, a mi “Patio de luces”. Un libro interminable, dice el editor. El escritor o la insatisfacción, alego yo. Meter la vida en un libro, tomarle medidas al tiempo. Sueño un libro, una mujer, una ciudad lejana, palabras en latín. Ardo como el mar. Voy por la vida en llamas y nadie me avisa del incendio. Voy entre luces, entre noches, hacia no sé dónde, por el túnel amarillo de la enfermedad. La prisión blanca de la clínica y sus camas duras. Y un dolor, como el de las plantas, como el de los niños.

Veo pasar los inviernos por la calle pisando sueños. Y me despierto. Me quedé dormido en lo más profundo de mis zapatos. ¿Cómo accederé al mediodía? Sólo puedo pedirte que me esperes, al otro lado de esta nube negra, al otro lado de esta luna en quiebra. No quiero tu nombre sin tus labios.

friedrich

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Inventario

Domingo, 18 de Octubre de 2009

Una hamaca blanca, algunas diosas de escayola en el jardín, las paredes de la terraza pintadas con cal, un emparrado de sombra amorosa, libélulas y campanillas moradas en la alberca, las persianas verdes, cortinas que inflan la brisa durante la siesta, sonido de una mosca vibrando en la penumbra y un océano en la ventana.

Un viejo arcón que despide un perfume de ropa almidonada y a su lado un aparador de honesto mármol. Una camisa de hilo, un sombrero de paja, unas sandalias grecolatinas, el pantalón de dril impregnado de salitre, la piel quemada.

Nada existe más hermoso que habitar una aseada pobreza junto al mar, olvidado de todos, habiéndolo olvidado todo. Escuchar las olas de púrpura que resuenan en torno a la quilla cuando uno navega al atardecer y contemplar las velas ligeras que se confunden con la imaginación o el pensamiento.

Crepúsculos en el largo malecón, marineros semejantes a Telémaco, ninfas rubias tan bellas como una deidad, vestidas de lino y adornadas con collares de piedras volcánicas, aroma de brea en el puerto de pescadores, gritos de mujer solariega en el mercado, imposibles cuentas pitagóricas en la lonja alrededor de las cajas de lapas y de meros.

Todos los barrancos de estas islas son deslumbrantes, cicatrices de silenciosa lava coagulada que abren un ojo de fuego azul al Atlántico.

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¿Es necesario creer en Dios?

Se trata de huir detrás de un sueño para encontrar una hamaca blanca y hundirse en ella bajo una parra, junto al mar, hasta que las ideas sean idénticas a la luz que en cada momento percuta tu cabeza.

Dejar pasar las horas, desechar cualquier ambición, vivir el sol en medio de una elegante austeridad, tomar aceite de oliva, andar descalzo sobre la sal, navegar en aguas de dulzura y no desear nada sino amigos, vinos lentos y ensaladas de tomates dulces como la sangre de una doncella.

He aquí el inventario de mi fe.

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El mar: la consigna del viajero azul.

Viernes, 16 de Octubre de 2009
Puerto de Órzola (Lanzarote)

Puerto de Órzola (Lanzarote)

a. q. octubre 2009

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