El blog de Alfredo Quiroga
Entradas Etiquetadas ‘luna’

Te dije que te pintaría la luna

Sábado, 16 de Julio de 2011

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No tienes más que mirar al cielo.

A. Q., 16 de julio de este verano que ya recordamos.

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Viaje a la Luna

Domingo, 5 de Junio de 2011

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A.Q. (junio,2011). “Facsímiles”.

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Pilates en el avión

Martes, 24 de Agosto de 2010

24 de agosto. De vuelta a Madrid. Me cruzo con la luna llena. Bellísima. Qué bien le sientan estas noches. Escribo en el avión. Me recapitulo. Los poderosos tobillos de aquella enfermera. Voy a solicitar una excedencia para darle un beso. Y los jueves, milagro. Es martes. Ensayo nuevas maneras de tenerme en pie. Vuelvo a trabajar en el guión de Saura. ¿Dónde quedaron las turbulencias? Leo La mujer en silencio; también abandono a Sylvia Plath: anoto.

El artículo para Claves: “El paraguas de Humboldt: Decir el clima”. Declino, respetuosamente claro, la comida; igual que en el hospital. Sólo agua y tinta. Aguadébil. Cierto tantrismo estilográfico. La inmanencia de la creación artística.

Está viejo el mar. Todo ya muy entrado: tiempo de coger moras. Como fuera de casa, en ningún sitio: amaneceré en París.

Sé lo que están pensando. No se hable más.

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a. q. (2010).

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Como se humilla la tarde

Martes, 8 de Septiembre de 2009

gijon

…Mi vida entera por una mirada
esa mirada que no tiene dueño…

El cielo se va haciendo de granito,
y no has grabado aún
la muesca necesaria que dé fe
de tu jornada, dedicado hoy
a explorar de la mano de un maestro
los vericuetos de ese gran teatro
aciago de la Historia: el laberinto
de antorchas en la noche,
el crujir de la rueda, la algarada
de animales y hordas,
el encuentro del hierro,
los cascos en la piedra
y el silencio humeante de los templos…

Sales a la terraza
para apurar al menos un aroma furtivo,
y a lo lejos contemplas
los restos del incendio
de un día que se pierde para siempre;
de fondo, ese clamor exasperado
que taladra la hora:
el seco crepitar de las cigarras.

En el valle puntean las candelas
de las casas nuevas de los hombres viejos,
y más allá, el latido del faro.

El viento trae voces
de esta Babel isleña,
que se hacen jirones en las ramas.
Poco a poco
la atmósfera acarrea
su mineral pereza hasta los élitros.

Y la luna aún columbra con su ojo candente
este mundo gastado.

El monte es un coloso de basalto;
a sus pies, el mar extiende,
pesada, sin un pliegue, su túnica morada.

Quisiera retener algún rescoldo
de este desmoronado anfiteatro
y que en su ascua brille la memoria
del día que se apaga.

La mirada se prende
a una estría profunda que resiste
por entre el ciego plomo,
ese bravo lingote de una nube
que entre las ruinas de la tarde abre
su luminosa grieta.

“Si acaso una mirada”, A. Q., 2009.

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