El blog de Alfredo Quiroga
Entradas Etiquetadas ‘Lluvia’

Primer testamento

Miércoles, 28 de Abril de 2010

agonia-de-un-piano

Camino junto al fuego y no me quemo,
gravito de alegría como una llama
bajo la helada de los últimos silencios,
y parece que he vencido a la sed de las palabras.

Como aquél que se protege
de una nevada gris vertida en las aceras,
escondo mi secreto entre los libros,
me refugio en las horas del hastío
dibujando senderos que ni yo mismo conozco,
hablando de la lluvia que golpea los cristales,
o pisando la arena para que cada huella
persiga a la anterior, igual que hacen las grullas.

Ya no espero que la luz vierta en mis manos
la música interior con que los bardos sueñan,
y no me dejo amedrentar, no tengo miedo
de perderme en la espesura de este bosque de niebla.

Y si acaso invade el frío los muebles de mi cuarto,
y se vuelve blanquecino el vaho de los cristales,
tomo un hacha entre mis manos
y salgo a la intemperie.

Desnudo de razones me aventuro
en busca de retama y leña seca.
Sé que la espera es un rostro sin labios, incompleto,
que sólo aquél que busca y que se adentra
entre las fauces afiladas del espino
podrá tocar la llama sin quemarse.

Por eso me preparo forjando las palabras,
abriendo un laberinto con salida en el alma,
apilando despacio, como si fueran piedras,
el círculo perfecto de los versos.

Luego, el tiempo y la pacienda me regalan
templanza y libertad, agua blanda de lluvia,
un molde de verdad donde devanar el hilo
para dar continuidad a las palabras.

Y así paso las horas, junto al reloj de nieve
que marca los segundos de este invierno dormido,
embriagado por el tacto jubiloso del verso
que crece y se consume como una brasa eterna,
limpio, claro, alegre, complacido,
como llama que recorre mis paisajes,
los de este hombre,
aquél que camina sobre el fuego y no se quema.

A. Q. “Volveré tarde”, Intimatum, S.C. de Tenerife, 2010.

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Ha venido la lluvia

Jueves, 18 de Marzo de 2010

lluvia_en_movimiento

Mediado marzo, ha venido la lluvia,
y sus pasos de agua enlagunan la tierra
y los trigos, y las frutas, y las rosas sin poema.

Ha venido la lluvia, desnuda,
trayendo la plata de la primavera.
Coronas de agua en su cabeza,
y un sentimiento que parece tristeza.

Y sólo llueve para las almas tiernas,
y los sentimentales
que nunca llevan paraguas.
La lluvia es algo que nos pasa.

Vuelvo a la lluvia,
la que siempre llevo dentro
como flores antiguas,
porque no es el tiempo que hace
ni el tiempo que no hace,
la lluvia son los recuerdos
de soledad y de deseo.

A. Q., Ha venido la lluvia, De: Donde mueren las hadas, La Poesía Señor Hidalgo, 2010.

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El líquido cielo

Jueves, 4 de Febrero de 2010

charcos

El día fue largo sin ser verano. El cielo se desligó de sí mismo hasta mostrar su corazón desnudo. Alargué el brazo y estiré la mano. Se enfureció el oráculo. Sólo me dio tiempo a guardar mi voz entre las manos. Surcos de lluvia arrastraban cristales de tiempo, hilos, botones y sueños. Las aves se perdieron. Hubo preguntas: ¿De dónde viene el viento? De muy lejos. ¿Tiene uno identidad o es sólo parte del paisaje que duda en una vela? La lluvia picoteaba en un mar oscuro.

Intenté abrazarte, pero ¿cómo voy a abrazarte si no existes? El brillo de las hojas con el agua parecía prometerme que todo ocurre. No es ligero vivir sin lo ligero de ser dos, pensé.

Con lenta diplomacia los recuerdos se esfumaron y el invierno quedó a solas con un eco de rota eternidad. Tras la tormenta, un aire silencioso, como si en general algo empezara, llevaba el secreto de lo que había escuchado en una tarde; una tarde como dos años. Todo ocurre en el brillo de las hojas.

Me encomendé a otro anochecer, como quien vive en continua transición. Me acogió un indagar oscuro de palabras que temblaban buscando tu nombre y el andar de tu paso. Siempre todo a punto de ser. Y ya no hacemos pie. Quise bajar hasta la playa y volverme cara de viento. Por no dejar de hacer un surco, un surco en el cielo.

S. C. de Tenerife, 4 de febrero de 2010. A. Q.

lluvia-en-el-mar1

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Hoy que te has ido

Lunes, 1 de Febrero de 2010

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Esta mañana un jirón de algodón alquitranado sumió a la ciudad en un mar sin tiempo. Llovía. Llovía de tal forma que al principio nadie pareció darse cuenta. Pero poco a poco, como el propio domingo, el agua fue arreciando. El cielo, dicen, abomina a los pusilánimes.

Hoy han vuelto a abolirse los mitos. Hoy han vuelto a nacer poetas. La lluvia ha vuelto a inflamar sus quejumbrosas almas. Y hoy te has ido.

Hoy que te has ido me he puesto, como el que nada tiene o todo lo ha perdido, a organizar nuestras fotografías, me he puesto a recortar los rostros de esto y aquello, los viajes que hicimos, las calles, todo eso mientras pensaba cómo irías en el avión, qué irías leyendo, qué irías durmiendo, cómo irías acaso soñando. Y pensaba que quedarse solo, inhabitado, entre mudas paredes, sin amigos que llamen para dar las buenas noches, no es un buen oficio, y yo, sobre todo, que me levanto antes del amanecer a tallar la tinta en silencio y que me levanto a oscuras, sin atreverme a encender las luces por miedo a encontrarme con mi propio rostro, no sé que haría sin ti. Me estoy preguntando, no sé de qué forma. Permanecería derrumbado en el sofá como un saco de escombros. O saldría a buscarte, no sé adónde. Porque no sé dónde te has ido. Y no sé cómo puedo estar aquí conversando con la ventana ausente, la calle donde hoy no ladran los perros.

Porque te has ido para siempre de mi vida. Por eso hoy sólo sé escribir tu nombre, dibujar tu mapa. Porque eras una calle sin salida y quise adentrarme en ella para nunca poder retornar. Sólo yendo, sin volver, para que toda mi vida tuviera sentido.

Hoy que te has ido

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Oigo la lluvia fría…

Miércoles, 2 de Diciembre de 2009

…amontonarse sobre la noche como el sudor eterno de su tranquilidad.
Pasan lentos los coches. Oigo también tu corazón lejano pasar de madrugada entre la lluvia y me asusta la sombra de tanta intimidad.

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En pocas palabras se resumen, pienso, casi todos los días: en las sílabas contadas de mis versos. Mientras llueve. Porque ya sabes que el otoño cuando se rinde, además del plumaje mojado de los árboles, además de la luz y de esta tierra, era una cita rota, perdida entre nosotros. Y ahora recuerdo la lluvia mansa, lenta, la que araña los cristales como el tiempo nos araña la piel. Y amanece. Entonces es más sabio el amor. Cuando empieza ya a oírse la mañana, por el camino largo de lluvia, el desierto rosa de tu piel.

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