El blog de Alfredo Quiroga
Entradas Etiquetadas ‘Lluvia’

Los libros bajo la lluvia

Domingo, 29 de Mayo de 2011

Ayer, muchos años después, volví a asomarme a la Feria, que dicen del Libro, de Madrid. Fue sólo eso, un tímido asomarme, entre la verja del Retiro, como un niño que, bajo la lluvia del final de la tarde y con las manos como anteojeras, pegase su naricilla a la luna del escaparate de una  tienda de juguetes. El niño deja su huella de vaho puro en el cristal. Retira su cara, abre las manos, cierra los ojos, mira, ve. Una voz acompañada de una mano le separa para siempre de esa lluvia. La huella de vaho se evanece.

Ese niño vuelve al mismo sitio donde perdió su lluvia. Y allí sigue. Nadie puede haberlo esperado tanto como ella. Sabía que un día volvería a recogerla. Sólo él sabe escucharla. Sólo él sabe habitarla en silencio.
Las manos acaso más grandes, pero no mucho, un cuenco pequeño, las anteojeras justas para librar de reflejos la luna de los escaparates. En cambio, se fue el flequillo, y las gafas impiden pegarse bien al cristal. Se las quita, como siempre.

El niño se detiene en su paseo por la acera, se agarra a la verja húmeda y se asoma por ella. Ve a su infancia jugar. Todas las palabras mojadas. Letras que flotan en los charcos. Algún mirlo sediento que se acerca a leer en ellos.
Tórtolas que drenan la lluvia. Amanece y anochece al mismo tiempo. El niño ya sólo sabe decir palabras de agua. Logró aprender el idioma de los delfines.

Nada vale una vida. Sólo otra vida.

Se marcha el niño. Cargado de ausencias, le da la espalda a la verja y camina. En la mano, una cartera llena de hojas. Está cansado. Vuelve a sentarse entre dos sueños.

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A. Q., Madrid, domingo, 29 de mayo de 2011.

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Retorno a Madrid

Sábado, 7 de Mayo de 2011

No debería uno contar nunca nada. Suelo reflexionar a menudo sobre este pensamiento de Javier Marías que puede parecer que combina mal con depositar esto aquí, a la vista de todo el mundo que repare en ello. Y es que estas palabras son como las macetas de los patios traseros: algo relativo. Como toda la vida de uno.

Regreso a Madrid y lo vuelvo a encontrar cubierto de una lluvia vieja que vive desde que enviudó con un sol que tampoco es ya de aquí.

Madrid sigue durmiendo mal, pero continúa levantándose temprano. El Metro sigue deteniéndose en medio de los túneles, y reanuda su marcha para llevarnos a todos donde no queremos ir.

Vuelvo a pasear solo, sobre todo por barrios alejados del centro, como el mío. Rumio, en esa calma íntima, mi tiempo sin rendirme cuentas. Me asomo a alguna librería, no compro nada. Fumo, demasiado.

Recuerdo cuando de niño pateaba solo durante horas una pelota contra una pared de cal. Busco paredes.

A la vuelta, aún no se vuelve.

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Un cielo de ánforas, © A. Q.

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Sábato o la física del alma

Domingo, 1 de Mayo de 2011

ernesto_sabato_paris

De nada sirve llorar
sobre la leche derramada
lágrimas
como lluvia de verano.
Somos sólo un instante
sin ningún después.

A. Q. “El pescador de lágrimas”. (Madrid, 1 de mayo de 2011).

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Llueve septiembre

Jueves, 2 de Septiembre de 2010

tranvia

Un agua demasiado vieja para volver a nacer. (a.q. 2010, era verano). “Tranvía a La Laguna”.

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30 de mayo. Nota antes del regreso

Domingo, 30 de Mayo de 2010

Abandono la honda plaza igualadora de almas y cosida por la lluvia al cielo. Intento roturar un futuro al que parecía condenado. La muerte siempre es un despido improcedente. 366 días por año.

Moscú, la gran madrasta rusa, 30 de mayo de 2010.

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