Jueves, 22 de Septiembre de 2011
Regresó otro otoño viejo. La mañana pronto pierde su anchura. El paladar del cielo comienza a secarse. La luz, cada vez más escarpada. Ha sido mucho tiempo conteniendo la respiración de la vida. Ahora, sin embargo, ya puedo mirar a los perros de frente y he visto el revés de los objetos. Sé que sólo soy un cuajarón de existencia con retazos de lenguaje y un amago de humanidad.
Ya veo el libro que nunca escribiré. Se vacía la vida. Pero aún siento punzadas en los latidos del corazón, y veo el tiempo, cinta dulce que se desanuda infinitamente. Me van desnudando los días. Y me quedo así, indefenso, sin deseo ni futuro, entre el pasado y el presente, entre el niño y la nada. Sólo quiero la infancia que no conocí, y la de mi hija, y la de todos los hijos que quería míos; sólo quiero sus juegos en la calle. No los oigo ya, sólo escucho mi vida reducida a su mínima y última posibilidad, lo menos posible. Soy todo el anochecer tibio y la tiniebla azul en que los niños juegan. Ésa es la belleza, impávida y desvalida que ultraja el tiempo.
Hoy, un 23 de septiembre de hace tantos años.

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Domingo, 12 de Junio de 2011
A decir verdad, no estaba previsto.
Ya no necesitamos todas esas palabras que fluyen sin parar. Lo mejor de ahora son esas suaves playas entre las palabras. La conversación va espaciándose.
La vida ha dejado de moverse: ya podemos leer en la playa.
Estaré allí, comprando el color de los días.

A.Q., s.l., s.d. “El último post”, como quien diría.
Sábado, 7 de Mayo de 2011
No debería uno contar nunca nada. Suelo reflexionar a menudo sobre este pensamiento de Javier Marías que puede parecer que combina mal con depositar esto aquí, a la vista de todo el mundo que repare en ello. Y es que estas palabras son como las macetas de los patios traseros: algo relativo. Como toda la vida de uno.
Regreso a Madrid y lo vuelvo a encontrar cubierto de una lluvia vieja que vive desde que enviudó con un sol que tampoco es ya de aquí.
Madrid sigue durmiendo mal, pero continúa levantándose temprano. El Metro sigue deteniéndose en medio de los túneles, y reanuda su marcha para llevarnos a todos donde no queremos ir.
Vuelvo a pasear solo, sobre todo por barrios alejados del centro, como el mío. Rumio, en esa calma íntima, mi tiempo sin rendirme cuentas. Me asomo a alguna librería, no compro nada. Fumo, demasiado.
Recuerdo cuando de niño pateaba solo durante horas una pelota contra una pared de cal. Busco paredes.
A la vuelta, aún no se vuelve.

Un cielo de ánforas, © A. Q.
Miércoles, 18 de Agosto de 2010
Mézclese una mujer con fuerte contenido sexual y un amplio margen, un hombre intelectualizado de manos finas, playa, sol, sal, un verano yaciente y un tempo lento de uno de los últimos cuartetos de Beethoven: un rato de vida. Déjese reposar el tiempo que sea preciso.
A ver qué pasa.

Lo efímero de lo absoluto.
Palpar el cielo.
A. Q. (2010).
Miércoles, 11 de Agosto de 2010
Revocados ya todos los derechos.
Desafinados ya los jóvenes ecos
y una vez olvidadas todas las lenguas,
sólo leerte lágrimas por las noches,
de niebla en niebla, sin pisar el cielo.
De pura tristeza, los días valiosos,
convertirnos sólo en tiempo.
A. Q. De: “Contar los días” (I), S.C. de Tenerife, 2010.
