El blog de Alfredo Quiroga
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El Rey León

Jueves, 29 de Diciembre de 2011

Me gusta escribir sobre cartón, más que sobre el papel, endeble a veces. Gay Talese recuerdo que siempre escribe sobre los cartones que acompañan a las camisas de la lavandería. Últimamente, de hecho, los cuadernos los extinguía con notas escritas sobre el anverso de la cubierta del cuaderno. Además, la nueva web está tardando, supongo que por el paréntesis de estas fechas, y me obliga a aprovechar este espacio que tanto me agrada.
Viene esto a cuento, y nunca mejor dicho, de lo que estamos presenciando entre los naufragados, medio ahogados y supervivientes de lo que sigue denominándose Partido Socialista Obrero Español. No confundan, por favor, con el Partido político que hace ya unos “eones” fundó don Pablo Iglesias, cuyas ideas sigo llevando, y llevaré, siempre conmigo. Uno, que es un clásico.
Digo esto porque el otro día, y en un alarde navideño, fui con mi hija y mi sobrina a ver la representación del espectáculo musical “El Rey León”. Mientras contemplaba fascinado la puesta en escena, las coreografías y la preciosa música que me devolvía a las tierras africanas, de donde uno nunca debe marcharse, y, al mismo tiempo, procuraba que las niñas dejaran de pelearse por las palomitas y evitaran ponerse de pie y bajar y subir las escaleras como bomberos enloquecidos ante las lógicas protestas de los vecinos de butaca. Esta frase me ha quedado muy larga, disculpen. Hay quien me pide, incluso me ordena, aludiendo que su madre trabaja en una editorial -no sabemos de qué- y su hermano estudió oposiciones-no sabemos si las aprobó-, incluir más pausas; aunque solo saben que el punto no tiene rabito y la coma (antiguo barrio de Madrid) sí, uno pequeño y curvito. Al punto y coma no se le espera, no se le conoce; es un tipo raro. Sí, los/las que piensan que torrente fue antes un personaje cinematográfico que un término físico. Pero me estoy desviando, disculpen de nuevo. Me gustaría que leyeran hasta el final.
Decía antes que viendo “El Rey León” y, en concreto, los divertidos y animados bailes de las hienas en torno al usurpador Scar, no pude evitar que por algunos momentos mi mente se fuera al sainete de Arniches, que no tragedia de Schakespeare, que nos deparan “los que estuvieron allí, pero poco. Pasaban por ahí”. Los viernes, muchos de ellos, se sentaban en el Consejo de Ministros solo por echar la mañana, como suele decirse, aunque algunas veces de La Moncloa salieran Reales Decretos, Decretos-Leyes o entes legales del mismo tenor que, a los españoles en algunas ocasiones nos suponía, como diría Javier Marías, una patada en el culo.
Una vez dejado morir Mufasa, nombre por cierto muy empresarial, y con un sucesor lógico, coherente y legítimo, aunque más mayor que Simba, pero que también ya es “rey” , comienza Scar a reclutar por toda la sabana fauna “muy demócrata y liberal”, que nunca falta en ese ecosistema, y que tiene “mucho por hacer”, indudablemente, para quedarse con lo que no es suyo ni les corresponde. Ya saben eso de “no se vayan todavía, que aún hay más”.
Puede, si el guión se atiene al “Hamlet” original, que aparezca el fantasma de Mufasa e incluso asistamos a alguna escena en el cementerio civil, con monólogo incluido, calavera en mano.
A las niñas se les hizo un poco larga la representación. No paraban de preguntar ¿cuánto queda? ¿y cuántos minutos son esos? ¿luego nos vamos al McDonald? Es que me hago pis.
En fin, esas cosas que nos preguntamos todos.
Acto I. Escena V.
Otra parte de la explanada.
Entran La Sombra y Hamlet.

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A. Q. (29 de diciembre de 2011).

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