Jueves, 22 de Septiembre de 2011
Regresó otro otoño viejo. La mañana pronto pierde su anchura. El paladar del cielo comienza a secarse. La luz, cada vez más escarpada. Ha sido mucho tiempo conteniendo la respiración de la vida. Ahora, sin embargo, ya puedo mirar a los perros de frente y he visto el revés de los objetos. Sé que sólo soy un cuajarón de existencia con retazos de lenguaje y un amago de humanidad.
Ya veo el libro que nunca escribiré. Se vacía la vida. Pero aún siento punzadas en los latidos del corazón, y veo el tiempo, cinta dulce que se desanuda infinitamente. Me van desnudando los días. Y me quedo así, indefenso, sin deseo ni futuro, entre el pasado y el presente, entre el niño y la nada. Sólo quiero la infancia que no conocí, y la de mi hija, y la de todos los hijos que quería míos; sólo quiero sus juegos en la calle. No los oigo ya, sólo escucho mi vida reducida a su mínima y última posibilidad, lo menos posible. Soy todo el anochecer tibio y la tiniebla azul en que los niños juegan. Ésa es la belleza, impávida y desvalida que ultraja el tiempo.
Hoy, un 23 de septiembre de hace tantos años.

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Alfredo Quiroga Borges en la playa 2011, 23, belleza, Cielo, Septiembre, tiempo
Domingo, 18 de Septiembre de 2011
Los domingos suelo pasarlos en el taller. Sin reloj y sin teléfono, claro. Sólo la luz me va diciendo cuando se va haciendo demasiado tarde, y cuando esto sucede, hasta ella se ha cansado de esperarme y se ha ido. La noche cada día es más puntual. Me gusta esta mujer. Siempre acude. Nunca me deja solo. Más bien soy yo quien la abandona cuando apenas ha empezado a quitarse la ropa y ha encendido su primer cigarro. Durante mucho tiempo incluso era yo quien le daba fuego. Sigo dejándola el mechero.
Decía que los domingos vengo a parar aquí. Me siento ante esta pequeña pantalla mientras contemplo el jardín por la pared de cristal. Veo el jardín en septiembre.
Es como un arpa con sueño. Como una lanza delirante que mata el penúltimo sol del año.
El jardín en septiembre es como un campo de guerra. Aquellas perfumadas estatuas fallidas que fuimos en verano yacemos como cadáveres dispersos por el jardín.
La luna es como la Cruz Roja que viene a asistirnos. Aunque cada vez parece venir menos.
Ha quedado el jardín como un álbum de tardes. Como un arpa de hierro.
Pesa más el amarillo que derrumba las hojas grandes.
Intento salvarme con el presente aunque quede la metralla del pasado.
Parece temblar el jardín levemente, quizá como nuestra vida.
Como lo que es: una Atlántida breve.
Dejo esto y regreso a mi taller.

Copyright Text & Image Q* Arch & Design. Madrid, septiembre de 2011.
Alfredo Quiroga Habitación con vistas a tu cuerpo Jardín, Septiembre
Domingo, 11 de Septiembre de 2011
Cada viaje es un regreso, aun si ese viaje dura muy poco y llega pronto la hora de partir.
Han sido muchas horas de estación en idiomas para mí indescifrables. Las voces no me decían nada pero los ojos, esos charcos de sal, en cambio, me descubrían todos los enigmas. Sujeté firme cada rincón que descubrí y muchas veces quise morirme en alguno de ellos porque ya lo sabía mío.
Desperté en ciudades diferentes con azul entre los dedos y balbucenado palabras afónicas: mzungu european, pepani.
Muchas veces no sabía dónde estaba. Confundía trenes y autobuses.
Subí hasta los pechos de la tierra y pude ver paisajes tristes. Y todo cielo, tanto que no me cabía en la boca.
Este verano, perdí la sombra. Pero fueron días de verdad aunque los olores se hayan fragmentado lentamente en mi memoria.
Sudé la fiebre de sol y de labios. Claro que también hubo museos y promesas.
Ahora veo los libros y los cuadernos amarillos y cuarteados. Algo ha pasado.
Volví a ese lugar con el que siempre sueñan los ciegos.

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Julio-Agosto, 2011
Alfredo Quiroga Borges en la playa Q., Regreso, viaje
Lunes, 18 de Julio de 2011

Vuelvo donde las flores del desierto son regadas por arenas, donde arde el mar sin consumirse.
A. Q., Lago Tchad, 2011.
Alfredo Quiroga Nada que decir Vacaciones
Sábado, 16 de Julio de 2011

No tienes más que mirar al cielo.
A. Q., 16 de julio de este verano que ya recordamos.
Alfredo Quiroga Nada que decir Julio, luna, Verano