Presienten las lágrimas…
… Pronto lloverá.
Cuando amanezca el dolor
blanco de las penas antiguas.
Y hablo de la melancolía en estado puro. De cuando los dioses hablaban inglés.
De los dibujos hechos en la nieve por la lluvia. De los trasbordos sin rumbo.
De no concedidas miradas. De los duros paisajes de la infancia.
Acostumbran los hombres a cerrar como nudos los duros postigos de sus puertas. Y queda en la calle sola la escarcha. Y los pasos en las aceras. Algo más que silencio.
Y creen los hombres que suyas son también las mariposas.
Pero de las superficies no se levantan las sombras ni las raíces se parten.
Nunca escribas de la muerte sin haberla conocido antes.
Pero siempre llego pronto a las citas con las mujeres.
Y sigo de pie, frente al tiempo. Y dejo que las palabras vayan de un poema a otro.
Con el viento.
Mientras, en la cama de al lado, mi padre sueña:
El mar estaba cerca y nunca lo alcanzaba.
La alegría estaba lejos y él siempre riendo.
Se mueve, murmura: se me ha caído la copa al suelo…
Y dice que ha visto un ángel que vuelve del cementerio, de pintar sus puertas.
Me pregunta si junto a las lápidas hay fresas.
Y volví a pensarlo:
Qué difícil es plantarle cara al diablo con la sola fuerza de un verso.
”De mi mesa”, A. Q. (s. l., junio 2010).
Solo, de pensarlo…
Un poema a punto de caer
Olores nunca vistos
Hace tiempo que se bifurcó mi sed y todo se hizo viaje, ya lo sabes: cruces de paisajes, valles en el espejo, añiles presencias, fuegos abiertos, palabras de ojos.
Todo huele a mar desnudo, a lluvia dulce, a tinta de cielo, a verde tierno y azul total. Todo huele a planeta. A pechos de harina, a silueta desnuda, a cristal de sexo.
Huele a copos de luz, a llama de mármol, mientras escribo en esta mansa soledad, la silenciosa distancia que separa el sueño de dos amantes.
A. Q. “Instrucciones para dormir en la calle”, dado en S. C. de Tenerife, 2010.







