El blog de Alfredo Quiroga
Archivo para Junio, 2010

Es verano

Miércoles, 30 de Junio de 2010

verano Lo anunció el domingo pasado Manuel Vicent. Sólo él puede saber cuándo la claudicación de la noche es inexorable en el Mediterráneo y cuándo es el momento adecuado de escurrir una gotas de sudor de viejo olivo sobre una escorpa recién robada a los dioses.

Releo a Kavafis. Una leve mimesis de Alejandría. El soma, el aire africano, el calor aquí, el sol y la sal. El verano: bienintencionado y deliciosamente peligroso. Me preparo para la migración. Bajo las persianas y recojo el violín.

Retornar a la ausencia de principios absolutos durante un mes. Asumir el perfil propio. Quizá algunos ojos de luna llena, una boca, en fin, verdes relámpagos como en el poema de Coleridge. Acaso eso. Es verano.

Se disipa mi mood de escribir artículos. No es tiempo para conferenciar sobre nada. La playa y el tao. Un abandono a los sentidos y, sobre todo, a los sinsentidos. La entropía: logaritmo de la probabilidad termodinámica, S = k ln P, fórmula que fue grabada en la lápida funeraria de Ludwig Boltzmann, quien se suicidó en 1906. No todo desorden es nefasto; no debe confundirse.

Paseos de madrugada, con o sin los perros, para recapitularme. Anotar partituras. Bach y Pau Casals: Sonatas para viola da gamba y cello. Django Reinhardt. Volver a Heródoto; Yeats, Theroux en la hamaca. Viejos libros para leer, viejos vinos para beber, nuevos besos para soñar. El gran sueño de las cosas.

Es verano. Comienza el mundo otra vez.

richter3

A. Q., S/C de Tenerife, 30 de junio de 2010.

  • Facebook
  • Twitter
  • Meneame
  • Delicious
  • Google Bookmarks
  • Share/Bookmark

Los perros bailan solos

Sábado, 26 de Junio de 2010

Esta mañana me despertó muy temprano Bryn Terfel desde Edimburgo. Aún permanecía ese color sanguina que deja el óxido en la noche antes de amanecer; un color como de planeta. Cogí el cuaderno y el lapicero de la mesilla igual que se coge una enfermedad y escribí esto.

Estío, que no verano aún, como diría Valle-Inclán. Queda poco para la tregua y ese esbozo de retirada que le dicen vacaciones. Pero, para los osadamente perezosos como yo, que fundamentalmente en nuestra vida queremos dedicarnos a viajar para pasar el tiempo, ese vacatio legis no logra enlentecer nuestro metabolismo basal.

Y es que viajar no es tan sólo cuestión de estar por completo desocupado, sino también una compleja y mendicante forma de evasión, que nos permite llamar la atención sobre nosotros mismos por medio de una llamativa ausencia, a la vez que nos entrometemos en la intimidad de los demás y somos activamente ofensivos en calidad de gorrones fugitivos. Un viajero es el más codicioso de los mirones románticos, créanme. Y en algún rincón bien escondido de nuestra personalidad se encuentra un nudo de vanidad y de presunción que resulta imposible deshacer, además de sufrir una mitomanía rayana en lo patológico. Quizá esta sea la causa de que nuestra peor pesadilla sea toparnos en nuestro deambular con otro viajero. Nos reconocemos al primer golpe de vista, como se reconocen los perros de nadie.

Acaso puede que ése sea también el por qué siempre nos vamos de casa. Quedarse sería probablemente lo más difícil y, en todo caso, ¿dónde estarían los libros que escribimos?
Y, sobre todo, ya saben: “una alegría sin sentido es una alegría pura”.

El Paraíso es de los extraños.

_mg_6459

A. Q. (2010).

  • Facebook
  • Twitter
  • Meneame
  • Delicious
  • Google Bookmarks
  • Share/Bookmark

Gente que nunca volvemos a ver

Miércoles, 23 de Junio de 2010

Pocas veces lo que se escribe en el cielo sirve luego en la tierra. Esto que ahora leen se pensó abajo y se escribió arriba, para ser leído Dios no sabe dónde.

El otro día, Ray Loriga se preguntaba si realmente sucedió aquel mítico concierto de “The Smiths” una noche de mayo de 1985 en el madrileño Paseo de Camoens, al fresco abrigo del Parque del Oeste, cuando el Ayuntamiento aún dejaba que este territorio fuera maravillosa reserva india y escenario de amores más que furtivos.

Sí pasó. Antes seguramente nos habíamos tomado una “leche de pantera” en el “Chapandaz” y unos “minis” muy cerca, en el viejo “El Parador” (no nacional) de Moncloa. La camisa de Morrissey era de un rosa imposible, lo sé porque me compré una igual, como de fresa muy ácida que se decía. No creo que la guitarra de Johnny Marr volviera a sonar igual después de aquella noche: nos regaló una de sus cuerdas. “Meat Is Murder”.

ca_smiths_meat

La memoria nos hace dudar. Ray Loriga se preguntaba también qué habría sido de su amigo “el holandés”, quien lo arrastró literalmente al concierto y sin embargo nunca más volvió a ver después de aquella noche. Nos ha sucedido a todos. Nunca más supimos del “holandés” o de otro amigo europeo.

Y es que por mucho que viajemos, frecuentemos aeropuertos, terminales, estaciones, andenes, restaurantes, espectáculos, planetas, soles y lunas, nuevas o viejas, no volvemos a cruzar nuestra existencia con personas, amigos, que estuvieron mucho tiempo unidos a nosotros formando esa liga inicial entre el hogar y el mundo cuando la juventud es errante. Esa forma de amor sin alas: la amistad, forjada en muchos días que casi siempre eran de noche, cosechando pasiones, subyugando rebeliones. Y es verdad, parece como si esas horas nunca hubieran sido.

Tampoco sabemos qué haríamos ahora, en este minuto largo de nuestra vida, si nos encontrásemos casualmente con alguna de estas personas, un amigo, una amiga de aquellos días sin horas. Quizá nos veríamos reflejados en un espejo antiguo que nos devolvería una imagen, la nuestra sí, la que fuimos, la que somos, la que seremos, la que no será, que acaso nos asuste y nos intimide al disipar esa bruma vieja que nos protegía del pasado. Volverían esas fotografías que ya no queremos ver y que sólo guarda, como un pobre anillo valiosamente desgastado, nuestra madre. Puede que nuestra mirada huyera hacia la nada. Siempre huimos de nada para nada. Sucede.

Pero un día, quizá hoy, puede que ahora, mientras leemos esto, dejemos sonar el teléfono y quede registrada una llamada perdida de nosotros mismos. Acaso de aquel número, también inquieto, que aún comenzaba por nueve.

Voy a ver las hogueras que están encendiendo en el avión.

cape-moon_l

A. Q. (23 de junio de 2.010).

  • Facebook
  • Twitter
  • Meneame
  • Delicious
  • Google Bookmarks
  • Share/Bookmark

La veleta define el viento

Jueves, 17 de Junio de 2010

Qué estoy leyendo…

100_1074

img000261

“Una carta es una alegría de la Tierra -denegada a los Dioses”. E. D. (1830-1886).

(A.Q.,s.l., 2010)

  • Facebook
  • Twitter
  • Meneame
  • Delicious
  • Google Bookmarks
  • Share/Bookmark

La Roja

Martes, 15 de Junio de 2010

“La Roja” era una compañera de la Agrupación Socialista de Alcobendas, con suficientes años ya, ni muchos ni pocos, y especialmente entusiasta e incluso iracunda con sus ideas, radical y socialmente quirúrgicas, cuando la situación así lo requería; es decir, la mayoría de las veces. “La Roja” era, y es, un apodo cariñoso para una mujer, por lo demás, también extremadamente afectuosa y entrañable.

Sucede ahora que desde hace tiempo vengo oyendo, en ocasiones hasta escuchando, alusiones y menciones, sobre todo en estos días, a “La Roja”. Pero es otra “Roja” me parece. Para aquellos que desde muy pronto asociamos esa tonalidad con un componente ideológico y vital tan marcado como la variable intensidad de ese color, supongo que no es de extrañar que nos sorprenda esta identificación con el equipo nacional de fútbol (al que algunos en su énfasis patriótico denominan selección (A)bsoluta).

Antes fue “La furia” española, como también Inglaterra fue “la Pérfida Albión”. Una furia que rindió magros frutos para la historia de este deporte: el gol de Zarra en Maracaná en el Campeonato del Mundo de 1950 y aquel otro de Marcelino frente a Rusia en la Eurocopa de 1964. Y es que el rojo era el color de la derrota. No podía ser de otra forma.

Pero también lo era del orgullo para muchos, y lo sigue siendo, pese a algunos. Por eso es grato, aunque nos sorprenda, ver como desde la COPE, o desde Intereconomía, incluso desde “El Mundo” o “La Razón” (la suya) se anima a “La Roja” con zulúes vuvuzelas de colores; ellos, sí, que siempre se llevan el gato al agua, aun cuando no la hay.

Es probable que un día, cuando el balón “no quiera entrar”, cuando ese juego elevado a la categoría de deporte no nos sonría como últimamente lo hace, alguien caiga en la cuenta o recuerde que ese color no ha sido bien tratado por la Historia, incluso por el Arte podría decirse, o por la misma Medicina que pintó la sangre así para que pudiéramos desmayarnos en algunas ocasiones. Entonces, en esa hora de España, se volverán muchas miradas otra vez hacia el azul, pero no el celeste, sino aquél que vira al negro en contacto con ese otro del que ahora abusamos en nuestra paleta para dibujar los sueños que no dejan de perseguirnos.

A. Q. (s.l., 2010)

  • Facebook
  • Twitter
  • Meneame
  • Delicious
  • Google Bookmarks
  • Share/Bookmark

Switch to our mobile site