Es verano
Lo anunció el domingo pasado Manuel Vicent. Sólo él puede saber cuándo la claudicación de la noche es inexorable en el Mediterráneo y cuándo es el momento adecuado de escurrir una gotas de sudor de viejo olivo sobre una escorpa recién robada a los dioses.
Releo a Kavafis. Una leve mimesis de Alejandría. El soma, el aire africano, el calor aquí, el sol y la sal. El verano: bienintencionado y deliciosamente peligroso. Me preparo para la migración. Bajo las persianas y recojo el violín.
Retornar a la ausencia de principios absolutos durante un mes. Asumir el perfil propio. Quizá algunos ojos de luna llena, una boca, en fin, verdes relámpagos como en el poema de Coleridge. Acaso eso. Es verano.
Se disipa mi mood de escribir artículos. No es tiempo para conferenciar sobre nada. La playa y el tao. Un abandono a los sentidos y, sobre todo, a los sinsentidos. La entropía: logaritmo de la probabilidad termodinámica, S = k ln P, fórmula que fue grabada en la lápida funeraria de Ludwig Boltzmann, quien se suicidó en 1906. No todo desorden es nefasto; no debe confundirse.
Paseos de madrugada, con o sin los perros, para recapitularme. Anotar partituras. Bach y Pau Casals: Sonatas para viola da gamba y cello. Django Reinhardt. Volver a Heródoto; Yeats, Theroux en la hamaca. Viejos libros para leer, viejos vinos para beber, nuevos besos para soñar. El gran sueño de las cosas.
Es verano. Comienza el mundo otra vez.
A. Q., S/C de Tenerife, 30 de junio de 2010.






