El blog de Alfredo Quiroga
Archivo para Febrero, 2010

Memoria de una vida

Domingo, 28 de Febrero de 2010

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Unas cucharadas de arena y sol en el mar desnudo, o quizá en el azul color agua de una piscina, la que dormía de lado en el invierno. El cuerpo, pequeño, caliente y esponjoso, como pan recién hecho.

Vivir en el mundo de las cosas.

Por la noche sombras: una pesadilla. Unas manos que llegan y encienden el mundo, ahuyentando los monstruos, llevándose el miedo.

Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios y descampados. Lecturas de verano.

Melancolía aguda de lo aún no vivido. Juvenil ansiedad del resto de tu vida. Dulce tristeza. La adolescencia: un manojo de relámpagos y de sueños.

Cazador de espadas y ciclones.

La carne: el descubierto tesoro del mapa de la isla. El vertiginoso misterio de los cuerpos. Estallaba el amor dejándote ciego. Primeras noticias del viento.

Y también el desamor: un agujero negro.

Una noche de agosto, en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna color naranja, el tiempo por una vez piadosamente detenido. A tientas, todo dicho a oscuras; sólo las nubes encendidas. La delicada ebanistería de los cuerpos.

Conversaciones de amigos. Miradas. Tu amante. Y en sus ojos ver la porcelana de los astros.

Leer. Músicas y besos recibidos. Y aquella conversación una tarde de invierno, quizá un sábado, comiendo chocolate frente a la chimenea.

Vivir como el agua en un maizal. Y la fugaz y espléndida belleza. Y sentir, entonces, la espina aguda del deseo.

Luego tu nombre en volandas, llevado lejos por el viento. El amor que fuimos. Apenas da luz el candil ahora. Cómo pesa ya la maleta.

Noches de angustia y dolor. No querer pensar en la muerte. La cama, una balsa en mitad del naufragio.

Agárrame la mano.

Siéntate por favor. Léeme de nuevo “Bomarzo” aquí, a mi lado. Mira como llueve.

Torbellinos de polvo en un rayo de sol.

Un último cabrilleo en el agua, el último chispazo de sol.

La nieve no comprende, nunca espera.

Acaba mi vida en tus brazos. Comienzan las begonias a nublar mi mirada. Un vaso de agua.

No te preocupes, sabré caer derrumbado sobre el horizonte de tus muslos blancos.

Y esto, no sé si tanto o tan poco, fue mi vida. Y no la vi. Estaba guardada, oculta tras la mañana.

A. Q. (28 de febrero de 2010).

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El guardián entre el silencio

Martes, 23 de Febrero de 2010

Iba a anotar alguna idea, y he olvidado lo que iba a anotar, quizá algo relacionado con el claroscuro de los seres. No lo sé. Y es que hoy, con el calor húmedo, amanecí con más dioptrías en la voz: un día de angst, es decir, algo neuroquímico. Me levanté como un bicho malherido. Luego el café y los fármacos consiguieron sacarme a flote, aunque nunca del todo a flote. Difícil equilibrio.

Contra el angst, salirse fuera, y, desde fuera, contemplar el angst. Posición de testigo, ya lo dije en mi declaración de principios. Mozart ya enfermo: “continúo componiendo porque me cansa menos que descansar”. Yo: continúo emborronando este cuaderno porque así me asomo al exterior. Descentramiento. Asomarse al aire libre donde todo es acto.

Quizá intuía, mejor dicho sabía, que hoy las noticias en la clínica no serían muy alentadoras: las cifras están bajo mínimos. Sucede así.

Saliendo de la consulta entré en la iglesia de los franciscanos de Méndez Núñez. No me esperaba esta vez el mendigo con su Ulises. En fin, viejos reflejos, una cierta curiosidad. Religión y medicina siempre estuvieron, en mi vida, muy liadas.

Había misa y yo me coloqué, de pie, en la última fila. De pronto, hacia el final de la ceremonia, un hombre joven que estaba delante de mí se volvió tendiéndome la mano. Tiene que ver, creo, con el darse la paz, y me pareció un buen gesto: simbólico, eficaz, una reminiscencia de las catacumbas, sin duda. Yo mismo recé, no al dios cristiano sino al dios-lo-que-fuere. O-lo-que-no fuere. La vida, en aquel momento, volvía a parecerme absurda sin la referencia absoluta. El desamparo, la soledad, la enfermedad, la desaparición final, todo se concretaba en un punto imaginario de perplejidad y petición. Petición de nada. El caso es que recé, creo, y me sentí un poco más equilibrado.

Recordé aquel personaje de una novela de Huxley que buscaba en un cuarteto de Beethoven la prueba de la existencia de Dios. Aquello era superfluo. Primero fue Bernard Shaw: “el hombre que está siempre serio demuestra que no ha comprendido nada”. Y luego Alan Watts: “la verdadera religión es la transformación de la ansiedad en risa”.

Pensé, no sé muy bien el porqué, en la estrella de la Osa Mayor que murió hace un par de meses. En realidad murió hace diez millones de años, que es el tiempo que ha tardado la luz en llegar hasta la galaxia M-81. Murió la supernova SN-2009-D perteneciente a la citada galaxia, que es una de las más bellas espirales que se obervan en el cielo. El sol, como Gigante Roja, también morirá dentro de cinco mil millones de años.

Cinco mil millones de años. Eso da una sosegada perspectiva fría. Una ducha de relatividad e indiferencia: la intrascendente existencia. La brutal asimetría entre nuestras vidas y las escalas del universo genera un escueto corolario: qué más da, qué más da todo.

Hace unos días murió Jerome David Salinger, sumergiéndose definitivamente en el silencio, que tanto guardaba. Quizá porque, como nos explicó Horacio, sólo los dioses disfrutan de una existencia sin riesgos. Es decir, sólo los dioses no existen. Sólo fracasan los héroes.

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A.Q. (2010)

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Quizá esto lo vean más claro…

Lunes, 22 de Febrero de 2010

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A.Q. (2010)

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Por favor, reflexionen sobre esto…

Domingo, 21 de Febrero de 2010

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Pienso que lo peor que puede hacerse es cruzar un precipicio de dos saltos…¿no lo creen así?

A. Q.

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Hoy se fue la luz

Jueves, 18 de Febrero de 2010

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…Y volvió sedienta de iluminarte,
de reflejarse en ti, de regresarse
renovada y henchida de tu nombre.

Porque serás tú el mar
que colme nuestra sed.
Serás el mar, el aire y la mañana,
y como un mar vendrás,
vestida sólo de espuma
inundando el silencio de las cosas
con el murmullo blanco de tu cuerpo,
asumiéndome al fin bajo tus aguas.

Alfredo Quiroga, “El alba desabrochada”, S. C. de Tenerife, 2010.

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