Memoria de una vida
Unas cucharadas de arena y sol en el mar desnudo, o quizá en el azul color agua de una piscina, la que dormía de lado en el invierno. El cuerpo, pequeño, caliente y esponjoso, como pan recién hecho.
Vivir en el mundo de las cosas.
Por la noche sombras: una pesadilla. Unas manos que llegan y encienden el mundo, ahuyentando los monstruos, llevándose el miedo.
Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios y descampados. Lecturas de verano.
Melancolía aguda de lo aún no vivido. Juvenil ansiedad del resto de tu vida. Dulce tristeza. La adolescencia: un manojo de relámpagos y de sueños.
Cazador de espadas y ciclones.
La carne: el descubierto tesoro del mapa de la isla. El vertiginoso misterio de los cuerpos. Estallaba el amor dejándote ciego. Primeras noticias del viento.
Y también el desamor: un agujero negro.
Una noche de agosto, en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna color naranja, el tiempo por una vez piadosamente detenido. A tientas, todo dicho a oscuras; sólo las nubes encendidas. La delicada ebanistería de los cuerpos.
Conversaciones de amigos. Miradas. Tu amante. Y en sus ojos ver la porcelana de los astros.
Leer. Músicas y besos recibidos. Y aquella conversación una tarde de invierno, quizá un sábado, comiendo chocolate frente a la chimenea.
Vivir como el agua en un maizal. Y la fugaz y espléndida belleza. Y sentir, entonces, la espina aguda del deseo.
Luego tu nombre en volandas, llevado lejos por el viento. El amor que fuimos. Apenas da luz el candil ahora. Cómo pesa ya la maleta.
Noches de angustia y dolor. No querer pensar en la muerte. La cama, una balsa en mitad del naufragio.
Agárrame la mano.
Siéntate por favor. Léeme de nuevo “Bomarzo” aquí, a mi lado. Mira como llueve.
Torbellinos de polvo en un rayo de sol.
Un último cabrilleo en el agua, el último chispazo de sol.
La nieve no comprende, nunca espera.
Acaba mi vida en tus brazos. Comienzan las begonias a nublar mi mirada. Un vaso de agua.
No te preocupes, sabré caer derrumbado sobre el horizonte de tus muslos blancos.
Y esto, no sé si tanto o tan poco, fue mi vida. Y no la vi. Estaba guardada, oculta tras la mañana.
A. Q. (28 de febrero de 2010).





